Tu fotografía en el messenger

Tus compañeros de generación están organizando una reunión para recordar los viejos tiempos. Ya los imaginas arreglándose para la ocasión. Seguro que Gerardo llegará con gorra, como la última vez, para intentar ocultar que se le está cayendo el cabello
Y Marina tardará una hora cambiando de vestido una y otra vez, presa de su inseguridad. Eva y Claudia, como en la universidad, se la pasarán criticando lo gordas que se han puesto las que han engordado. Y Fernanda se verá tan guapa como siempre, pero con más clase y dinero porque se casó con el dueño de una agencia de publicidad. Y en cuanto te vea pensará que debió estar loca para enamorarse de alguien como tú, que sólo tenía habilidad para escribir poemas y canciones que nunca pagarían un departamento en Polanco. Tú llegarás de jeans, con tus tenis cansados de las mismas rutinas y beberás más de la cuenta y harás grupito con los amigos de siempre, siendo sarcásticos y recordando a las viejas que se tiraron en aquellos viernes de fiesta en casa de no-sé-quién. Y todos se pondrán al día y sobrarán los chismes: que Jonathan ya se divorció porque su mujer lo engañaba; que Marilú se ve muy bien con los implantes de seno que se mandó instalar; o que murió el maestro que les daba géneros periodísticos y que el 80 por ciento de los que están allí no se han titulado. Ya con unos tragos encima, recordarán los apodos de cada quien, contarán lo bien que les ha ido, inventarán algunas mentiras que los hagan sentir menos patéticos y bailarán algún éxito de U2. Y no faltará el que saque la foto de su hijo para preguntar "¿verdad que es igualito a mí?". Y cada quien estará convencido de que tomó las decisiones correctas, aunque se muerda los labios por celebrar el éxito ajeno y se muera de la envidia por el camionetón que trae Emiliano o por lo bien que se ve la maldita Michelle. Odias esas pinches reuniones porque te volverán a preguntar si ya publicaste tu libro y tendrás que decir como la última vez, hace un año, que no, y bromear con eso de que en este pinche país no saben apreciar lo que es bueno, cuando en realidad no te hasistirás porque parece que todos tienen vidas más interesantes que la tuya, aunque no sean más que un recuento de mentiras.
as dado el tiempo para terminarlo. Y cuando todo acabe, sólo quedarán los ceniceros llenos de colillas y esa promesa estúpida de que a la siguiente reunión no asistirás porque parece que todos tienen vidas más interesantes que la tuya, aunque no sean más que un recuento de mentiras.
-O-
Estás sentado frente a la computadora y tu contacto con el mundo se reduce a chatear con "amigos" a los que nunca has visto en tu vida Tu vida social apesta. Beber los viernes en los lugares de siempre no cuenta. Vives encapsulado, pendiente de los comentarios en el Hi5 y las caritas sonrientes en esa ventanita a la que te aferras para no sentirte tan solo, tan abandonado a tu suerte tan jodida. No devuelves las llamadas de tu madre, pero en Facebook consultas las "frases sabias" del Doctor House o atiendes las citas de Bukowski o abres galletitas de la suerte virtuales. Carajo, el pinche Gran Libro del Sarcasmo se burla de ti cada que abres sus páginas. Incluso parecería normal que vivieras pegado a la pantalla de tu laptop, de no ser porque son más de las dos de la madrugada y otros solitarios como tú tratan de amortiguar el vacío con jodidas conversaciones que el día de mañana olvidarán. Hace tanto que no abrazas a tus amigos de carne y hueso, pero mandas besos animados por messenger a gente que tal vez no conocerás nunca. Y odias las risas escritas y tu mejor foto en el messenger apenas esboza una mueca llamada sonrisa Tu mirada está desprovista de brillo, tu barba de dos días te da un aspecto lamentable y tú sólo quisieras volver sobre tus pasos para ya no extrañar los días en que tus amigos de la universidad parecían hermanos para toda la vida Hoy cada quien se atrinchera en su mundo, creyendo que los sueños eso eran: sólo sueños. Y las canciones noventeras ya te suenan viejas y odias esa foto en la que te veías tan mal. Tus jeans están en el armario y hoy usas traje y corbata. Tienes cuenta en el banco y tu corazón está en ceros. Pagas impuestos, bebes más de la cuenta, escasean los besos y de abrazos ya ni hablamos. Tu novia está demasiado ocupada. Y Keane canta una estrofa de tu miseria "Crees que en tus días no pasa nada y que nadie nunca piensa en ti/ Ella va por su propio camino./ Crees que tus días son comunes y que nadie piensa en ti./ Pero somos todos iguales, aunque ella dice que no tiene tiempo para ti ahora, ella dice que no tiene tiempo". Siempre te entrampas en relaciones destructivas, que acaban peor. Sigues odiando lo mismo: a los políticos corruptos, a los banqueros sin escrúpulos, a la novia de tu mejor amigo, a los que viajan en la puerta del Metro, a los que presumen su añeja playera del América, a la señora que golpea a su hijo, a tu vecino que se queja de todo, a la secretaria guapa que siente que nadie la merece, a este presidente inútil que no sabe conducir la nave, a ti que estás postergando todo lo que vale la pena, al sujeto en que te has convertido antes de concretar los planes de ir de mochilazo a Europa. Tu revolución personal se quedó archivada junto al mapa de Hamburgo y la guía de supervivencia en caso de naufragar en una ciudad con un idioma extraño. Y el póster de Tin Tan se carcajea de tu inutilidad para entender un mundo que es como un comercial de televisión. Vives encerrado en la rutina, en ese caminar en círculos que siempre conduce a la depresión. Soy un idiota. Bien dicen que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Y si optas por las dos, entonces eres un imbécil.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gràfico








