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por Demian el Vie Ene 02, 2009 11:26 pm
La Iglesia Católica.

La Iglesia Católica es la institución en que se organiza la comunidad de los cristianos creyentes en el catolicismo. Se trata de la organización no estatal más antigua del mundo.
En muchos países es nombrada como Iglesia Católica Apostólica Romana; quienes utilizan normalmente esta denominacion sostienen que las iglesias de la Comunión Anglicana y las Iglesias Ortodoxas también son católicas (tanto en sentido etimológico como en todo el contenido del término) y que la única diferencia es no estar bajo la autoridad del Papa.
La Iglesia Católica se proclama como la encargada por Jesucristo para ayudar a recorrer el camino espiritual hacia Dios viviendo el amor recíproco y por medio de la administración de los sacramentos (bautismo, eucaristía, confirmación, penitencia, matrimonio, orden sacerdotal y unción de los enfermos), a través de los cuales Dios otorgaría la gracia al creyente.
Según la doctrina católica, Jesús fundó una comunidad cristiana jerárquicamente organizada y con autoridad, dirigida por los apóstoles (el primero de los cuales era Pedro). Posteriormente (según los Hechos de los apóstoles), los apóstoles y los primeros seguidores de Jesús estructuraron una iglesia organizada, al repartir responsabilidades entre obispos, presbíteros y diáconos, a medida que iban propagando el cristianismo.
Adentro de esta Iglesia católica, el obispo de Roma llegó a tener una importancia particularmente grande. Según algunos, esto fue por motivos políticos: Roma fue la capital del Imperio Romano hasta que el Emperador Constantino I el Grande hizo de Constantinopla la nueva capital. Otros atribuyen esta importancia al hecho, reconocido entonces por todos, que el obispo de Roma era sucesor de
Pedro.
La Iglesia Católica, en una epoca abarcó todo el territorio del Imperio Romano (desde Hispania hasta Siria), adquirió en gran parte su forma actual luego del todavía insoluble Gran Cisma entre sus porciones de Occidente y Oriente (cuya iglesia, aún denominada como "Católica Ortodoxa", pasaría a ser conocida solo por esta última palabra) ocurrido en el año 1054 a causa de las rivalidades entre los patriarcados de Roma y Constantinopla y, teológicamente, alrededor de la cláusula filioque.
El rechazo de la autoridad papal por causas de independencia política y económica y el rechazo de Martín Lutero al hecho de que se cobrara dinero por las indulgencias, provocó el surgimiento del protestantismo en 1517, otro importante cisma siguió con el surgimiento de la Iglesia Anglicana (nacida del Acta de Supremacía inglesa en 1534).
Como respuesta a la Reforma Protestante propugnada por Martin Lutero y otros sacerdotes, la Iglesia Católica realiza una serie de reformas en su interior, las cuales reciben colectivamente el nombre de Contrarreforma.
La doctrina de la Iglesia exige de los fieles la aceptación del Magisterio (la doctrina oficial), siendo delito de herejía "la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma" (canon 751 del Código de Derecho Canónico). Actualmente, sólo se inician acciones disciplinarias contra los teólogos que, mientras se declaran católicos, defienden, con cierta influencia, ideas alternativas en esos terrenos, privándolos de la autoridad de enseñar con el título de profesores de teología católica, pero no respecto a los fieles comunes, por mucha que sea su relevancia pública, contra los cuales puede aplicar sólo penas espirituales.
La Iglesia defiende la existencia de un poder maligno superior al hombre, que actúa realmente en el mundo. Recibe diversos nombres, los más conocidos son Demonio, Diablo, Satán. En su catecismo explica que: “[...] el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios. Aunque Satán actúe en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños -de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física - en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo. El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio [...].” Dentro de las acciones de este ser se encuentra la "ocupación" del cuerpo de una persona, llamada posesión. La Iglesia afirma estar capacitada para su expulsión según un ritual determinado llamado exorcismo.
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por Demian el Vie Ene 02, 2009 11:30 pm
Las Cruzadas
Las cruzadas fueron una serie de campañas militares básicamente hechas a petición del Papado, y que tuvieron lugar entre los siglos XI y XIII, contra los turcos o moros (llamados así los musulmanes) para la reconquista de Tierra Santa.
Históricamente, fueron motivadas por los intereses expansionistas de la nobleza feudal, el control del comercio con Asia y el afán hegemónico del papado sobre las monarquías y las iglesias de Oriente, aunque se declararan con principio y objeto de recuperar Tierra Santa para los peregrinos, de los cuales los turcos selyúcidas una vez conquistado Jerusalén, abusaban sin piedad.
La sociedad europea, había ido acumulando un considerable potencial bélico. Por otra parte, el Islam se había erigido en un peligroso y fuerte enemigo. Ambas cosas se aunaron y dieron origen a las Cruzadas.
Primera.
Los turcos, tribus nómadas que, en el transcurso de esos años, se habían convertido al Islam. Una de esas tribus, los turcos selyúcidas (llamadas así por su mítico líder Selyuk), con todo el fanatismo de los recién conversos, se lanzó contra el "infiel" imperio de Constantinopla.
Los turcos habían avanzado en dirección sur, hacia Siria y Palestina. Una a una las ciudades del Mediterráneo Oriental cayeron en sus manos, y en 1070, un año antes de Manzikert, entraron en la Ciudad Santa, Jerusalén. Estos dos hechos conmocionaron tanto a Europa Occidental como a la Oriental. Ambos empezaron a temer que los turcos fueran a dominar lentamente al mundo cristiano, haciendo desaparecer su religión.
Contingentes armados, procedentes principalmente de Francia, Países Bajos y el reino normando de Sicilia, dirigidos por segundones de la nobleza como Godofredo de Bouillon, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento. Durante su estancia en Constantinopla, estos jefes juraron devolver al Imperio Bizantino aquellos territorios perdidos por éste frente a los turcos.
Desde Antioquía se dirigieron hacia Jerusalén, conquistando algunas plazas por el camino y sorteando otras. En junio de 1099 sitiaron la capital, que cayó en manos de los cruzados el 15 de julio de 1099. En la conquista los cruzados realizaron una terrible matanza, que no respetó a judíos ni a musulmanes, mujeres o niños.
Con esta conquista finalizó la Primera Cruzada, y muchos cruzados retornaron a sus países de origen. El resto se quedó para consolidar los territorios recién conquistados. Junto al Reino de Jerusalén (dirigido inicialmente por Godofredo de Bouillon, que tomó el título de Defensor del Santo Sepulcro) y al principado de Antioquía, se crearon además los condados de Edesa (actual Urfa, en Turquía) y Trípoli (en el actual Líbano).
Tras estos éxitos iniciales se produjo una nueva oleada de cruzados, que formaron la llamada cruzada de 1101. Sin embargo, esta expedición, dividida en tres grupos, fue derrotada por los turcos mientras atravesaban Anatolia. Este percance apagó los espíritus cruzados durante algunos años.
Segunda.
Gracias a la división de los estados musulmanes, los estados latinos (o francos, como eran conocidos por los árabes), consiguieron establecerse y sobrevivir. Los dos primeros reyes de Jerusalén, Balduino I y Balduino II fueron gobernantes capaces que extendieron el reino a toda la tierra entre el Mediterráneo y el Jordán, e incluso más allá.
Entre los musulmanes iba creciendo el espíritu de jihad o Guerra Santa, principalmente entre la población, movilizada por los predicadores contra sus impíos gobernantes, capaces de tolerar la presencia cristiana en Jerusalén e incluso de aliarse con sus reyes. Este sentimiento fue explotado por una serie de caudillos que consiguieron unificar los distintos estados musulmanes y lanzarse a la conquista de los reinos cristianos.
El Papa Eugenio III, a través de Bernardo, abad de Claraval (famoso predicador, autor asimismo de la regla de los templarios) predicó en diciembre de 1145 la Segunda Cruzada. A diferencia de la primera, en esta participaron reyes de la cristiandad, encabezados por Luis VII de Francia y por el emperador germánico Conrado III. Los desacuerdos entre franceses y alemanes, así como con los bizantinos, fueron constantes en toda la expedición. Cuando ambos reyes llegaron a Tierra Santa (por separado) decidieron que Edesa era un objetivo poco importante y marcharon hacia Jerusalén. Desde allí, para desesperación del rey Balduino III, en lugar de enfrentarse a Nur al-Din (hijo y sucesor de Zengi), eligieron atacar Damasco, estado independiente y aliado del rey de Jerusalén. La expedición fue un fracaso, ya que tras solo una semana de asedio infructuoso, los ejércitos cruzados se retiraron y volvieron a sus patrias. Con este ataque inútil consiguieron que Damasco cayera en manos de Nur al-Din, que progresivamente iba cercando los estados francos. Más tarde, el ataque por parte de Balduino II a Egipto, iba a provocar la intervención de Nur al-Din en la frontera sur del reino de Jerusalén, preparando el camino para el fin del reino y la convocatoria de la Tercera Cruzada.
Tercera.
Las intromisiones del Reino de Jerusalén en el decadente califato fatimí de Egipto, llevaron al sultán Nur al-Din, a mandar a su lugarteniente Saladino a hacerse cargo de la situación. No hizo falta mucho tiempo para que Saladino se convirtiera en el amo de Egipto, aunque hasta la muerte de Nur al-Din en 1174, respetó la soberanía de éste. Pero tras su muerte, Saladino se proclamó sultán de Egipto (a pesar de que había un heredero al trono de Nur al-Din, su hijo de solo 12 años y quien a la postre resultó envenenado) y de Siria, dando comienzo la dinastía ayyubí.
Saladino era un hombre sabio, y logró la absoluta unión de las facciones musulmanas, y el control político y militar desde Egipto hasta Siria. Como Nur al-Din, Saladino era un musulmán devoto y decidido a expulsar a los cruzados de Tierra Santa.
La toma de Jerusalén conmocionó a Europa y el papa Gregorio VIII convocó una nueva cruzada. En esta participaron reyes de los más importantes de la cristiandad: Ricardo Corazón de León, (hijo de Enrique II y de Leonor de Aquitania); Felipe II Augusto de Francia y el emperador Federico I Barbarroja. Este último al mando del grupo más poderoso siguió la ruta terrestre, en la que sufrió algunas bajas. Cerca de Siria, sin embargo, el emperador murió de congestión en un río, y su ejército continuo hacia Palestina.
Los ejércitos inglés y francés llegaron por la ruta marítima. Su primer (y único) éxito fue la toma de Acre, el 13 de julio de 1191, tras la cual Ricardo realizó una matanza de varios miles de prisioneros. Esta matanza militarmente le dio oxígeno para seguir hacia el sur a su meta final: Jerusalén; y además le valió el nombre por el que sería reconocido en la historia, Corazón de León.
Saladino murió 6 meses después. Ricardo murió en 1199 por una flecha a su regreso a Europa.
Cuarta.
Tras la tregua firmada en la Tercera Cruzada y la muerte de Saladino, en 1193, se sucedieron algunos años de relativa paz, en los que los estados francos del litoral se convirtieron en poco más que colonias comerciales italianas. En 1199 el Papa Inocencio III decidió convocar una nueva cruzada, para aliviar la situación de los estados cruzados. Esta Cuarta Cruzada no debería incluir reyes e ir dirigida contra Egipto, considerado el punto más débil de los estados musulmanes.
Miles de cristianos (incluyendo mujeres y niños) fueron asesinados por los cruzados. Desvalijaron y destruyeron mansiones, palacios, iglesias y la propia basílica de Santa Sofía. Europa occidental recibió un aluvión de obras de arte y reliquias sin precedentes, producto de este saqueo.
Los cruzados establecieron el llamado Imperio Latino, organizado feudalmente y con una autoridad muy débil sobre la mayoría de los territorios que supuestamente controlaba.
La Cuarta Cruzada asestó un doble golpe a los estados francos de Palestina. Por un lado, les privó de refuerzos militares. Por otro, al crear un polo de atracción en Constantinopla para los caballeros latinos, produjo la emigración de muchos que estaban en Tierra Santa hacia el Imperio Latino, abandonando los estados francos.
Cruzadas menores.
Tras el fracaso de la cuarta, el espíritu cruzado se había apagado casi por completo, pese al interés de algunos papas y reyes por reavivarlo. Si los estados francos sobrevivieron hasta 1291 fue por la intervención de los mongoles que al acabar con el califato Abbasí en 1258 y conquistar la región de Oriente Medio, dieron un respiro a los latinos, al no ser los mongoles hostiles al cristianismo.
La V Cruzada fue proclamada por Inocencio III en 1213 y partió en 1218 bajo los auspicios de Honorio III. Como la IV Cruzada, tenía como objetivo conquistar Egipto. Tras el éxito inicial de la conquista de Damieta en la desembocadura del Nilo, que aseguraba la supervivencia de los estados francos, a los cruzados les pudo la ambición e intentaron atacar El Cairo, fracasando y debiendo abandonar incluso lo que habían conquistado, en 1221.
La organización de la VI Cruzada fue desorganizada. El papa había ordenado al emperador Federico II Hohenstaufen que fuera a las cruzadas como penitencia. El emperador había asentido, pero había ido demorando la partida, lo que le valió la excomunión. Finalmente, Federico II (que tenía pretensiones propias sobre el trono de Jerusalén) partió en 1228 sin el permiso papal. Sorprendentemente, el emperador consiguió recuperar Jerusalén mediante un acuerdo diplomático. Se autoproclama rey de Jerusalén en 1229. También obtuvo Belén y Nazareth.
En 1209 el Papa Inocencio III proclama la cruzada albigense con el fin de eliminar la herejía de los cátaros, en el sur de Francia.
En 1244 volvió a caer Jerusalén (esta vez de forma definitiva), lo que movió al devoto rey Luis IX de Francia (San Luis) a organizar una nueva cruzada, la Séptima. Como en la V, se dirigió contra Damietta, pero fue derrotado y hecho prisionero en Mansura (Egipto) con todo su ejército.
De regreso a Francia, el mismo rey emprendió la llamada VIII Cruzada (1269), contra Túnez, aunque en realidad era un peón en los intereses de su hermano Carlos de Anjou rey de Nápoles, que quería evitar la competencia de los mercaderes tunecinos. La peste acabó con el rey Luis y gran parte de su ejército en Túnez.
Aunque algunos papas intentaron predicar nuevas cruzadas, ya no se organizaron más y, en 1291, los cruzados evacuaron sus últimas posesiones en Tiro, Sidón y Beirut. Al final de todas estas guerras, el único triunfo relevante de la Cristiandad durante los dos siglos de más de ocho cruzadas, fue la toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon en la primera cruzada en el año 1099, la que, a pesar de las innumerables matanzas de sarracenos, judíos (hombres, mujeres y niños), logró sostener la Ciudad Santa por muchos años, y encontró los objetivos marcados inicialmente por los defensores de la idea de reconquistar la tierra llamada santa para los cristianos de Europa. Finalmente existieron muchos intereses políticos y económicos de parte de reyes y la iglesia, superiores a estrictamente la fe.
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por Demian el Vie Ene 02, 2009 11:35 pm
La Inquisición
La Santa Inquisición o Santo Oficio.
En los inicios de la Iglesia la pena habitual por herejía era la excomunión. Cuando los emperadores romanos convierten el cristianismo en religión estatal en el siglo IV, los herejes empiezan a considerarse enemigos del Estado. En su momento San Agustín aprobó la acción del Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobaba en ese momento los castigos físicos.
Aunque el procedimiento inquisitorial como medio para combatir la herejía es una práctica antigua de la Iglesia católica, la Inquisición medieval fue establecida en 1184 mediante la bula del papa Lucio III Ad abolendam, como un instrumento para acabar con la herejía cátara. Fue el embrión del cual nacería el Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio. El castigo físico a los herejes fue asignado a los laicos. Mediante esta bula, se exigía a los obispos que interviniesen activamente para extirpar la herejía y se les otorgaba la potestad de juzgar y condenar a los herejes de su diócesis.
En su primera etapa (hasta 1230), se denomina "Inquisición episcopal", porque no dependía de una autoridad central, sino que era administrada por los obispos locales. En 1231, ante el fracaso de la Inquisición episcopal, Gregorio IX, mediante la bula Excommunicamus, creó la "Inquisición pontificia", dirigida directamente por el Papa y dominada por los dominicos. En 1252, el papa Inocencio IV en la bula Ad extirpanda autorizó el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos. En ningún caso podía mutilarse al reo ni poner en peligro su vida. Las penas eran variables. Los herejes relapsos eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte.
La Inquisición Española fue creada en 1478 por una bula papal con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes de los judeoconversos españoles. A diferencia de la Inquisición medieval, dependía directamente de la corona española. Se implantó en todos los reinos de España, en Sicilia y Cerdeña (que entonces formaban parte de de la Corona de Aragón) y en los territorios de América (hubo tribunales de la Inquisición en México, Lima y Cartagena de Indias.
La Inquisición española estaba dirigida por el Consejo de la Suprema, que elaboraba instrucciones para los tribunales, examinaba informes de las vistas, ordenaba inspecciones, revisaba causas, y actuaba como tribunal para los miembros del Santo Oficio que hubiesen cometido algún crimen. Su presidente era el Inquisidor general. Los demás eran prelados, letrados e inquisidores provinciales designados por el rey.
Los tribunales que juzgaban a los reos estaban formados por tres inquisidores, la gran mayoría clérigos seculares con sesuda formación jurídica, además de otros funcionarios como fiscales, secretarios, alguaciles, notarios e incluso la oscura figura de un defensor del reo, cuyo papel se limitaba por lo general a asesorar a éste en cuestiones de procedimiento.
Colaboraban también en la actividad inquisitorial los familiares, servidores laicos del Santo Oficio que tenían ciertos privilegios (estaban exentos de contribuciones fiscales, podían ir armados y poseían privilegio de jurisdicción) y cuyo prestigio social venía del hecho de que ser familiar del Santo Oficio era una prueba de limpieza de sangre, lo que se puede interpretar como racismo.
El secreto sumarial con que el Santo Oficio llevaba sus procesos, con el fin de evitar represalias, provocaba un gran temor en la población y convertía a cualquier ciudadano en un posible delator o colaborador del tribunal. El primer interrogatorio tiene lugar en presencia de un jurado local constituido por clérigos y laicos cuya opinión se escucha antes de promulgar la sentencia. Con el fin de evitar represalias, el nombre de los acusadores es secreto.
El detenido era encarcelado en una cárcel especial. Se incautaban sus bienes para su mantenimiento y los gastos de su proceso. Incomunicado, el reo ignoraba a menudo por completo los cargos que se le imputaban. El proceso consistía en una serie de audiencias en que se escuchaba a los denunciantes y al acusado. Este último contaba con un abogado defensor, que no la defendía sino meramente le amonestaba a que confesase sus culpas o le asesoraba en cuestiones de procedimiento. Para obtener la confesión se podía utilizar la coacción; ya sea mediante la prolongación de la prisión, ya sea por la privación de alimentos, o bien, por la tortura. En 1252, Inocencio IV autoriza su uso por los tribunales eclesiásticos, con condiciones muy concretas no existentes en los tribunales civiles: la víctima no debe correr riesgo ni de mutilación ni de muerte.
La condena podía ser leve o dura. En el primer caso el castigo podía ser una multa, una reprensión y llevar un sambenito para que la gente supiese que había sido juzgado por el Santo Oficio y prestase atención a lo que decía por si volvía a cometer herejía. En el segundo caso, era, según la fórmula, "relajado al brazo secular", esto es, entregado a la jurisdicción ordinaria para su ejecución. Si el reo a ajusticiar se arrepentía, se le ahorcaba (baja condición social) o se le degollaba (alta condición social); si no abjuraba de sus errores, se le quemaba vivo. Si el reo había muerto ya, se desenterraban sus huesos y se quemaban. Eso pasó, por ejemplo, con los padres del humanista Juan Luis Vives.
Las ejecuciones se realizaban en los autos de fe, actos públicos en los que se buscaba la ejemplaridad del castigo y que terminaron convirtiéndose en aparatosos festejos.
Recientemente se publicó "Las actas del simposio internacional: La inquisición", gracias a la apertura de los archivos secretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el antiguo Santo Oficio) ordenada por Juan Pablo II en 1998. En estas actas se recogen toda la documentación sobre los procesos inquisitoriales en la Europa católica donde regía el Vaticano en el campo espiritual.
El inquisidor Torquemada estableció en forma categórica que los reos no deberían sangrar ni sufrir lesiones. Se ideó entonces un sistema de tortura que buscaba dar dolor sin dejar mayores heridas. Tal fue el caso del "potro", instrumento de tortura en el que la víctima, atada de pies y manos con unas cuerdas o cintas de cuero, a los dos extremos de este aparato, era estirada lentamente produciéndole la luxación de todas las articulaciones -muñecas, tobillos, codos, rodillas, hombros y caderas-; el "castigo del agua", que lo obligaba a tragar agua en demasía, aproximadamente 10 litros, ayudándose el torturador de un embudo y le impedía respirar, produciéndose en la mayoría de las ocasiones la explosión del estómago; y la "garrucha", cordel atado a una polea que alzaba al prisionero desde los brazos, atados a su espalda, llevando un fuerte peso en los pies.
Ante los más recalcitrantes se empleaba un "brasero en llamas", que se acercaba a los pies del prisionero para que tuviese una primera impresión de lo que sería su muerte en la hoguera sino confesaba sus pecados.
Otros métodos eran la "Cuna de Judas" que consistía en atar a la víctima de las muñecas y elevarla, para luego dejarla caer sobre una pirámide muy puntiaguda para que con su propio peso se le clavara en el ano, escroto o vagina. La "rueda", era un instrumento que fue introducido en Francia en el siglo XVI, y que era muy utilizado en la zona germánica de Europa. El reo era ataba desnudo a la rueda, de pies manos y cuello; mientras que el torturador le rompía poco a poco los huesos de sus miembros, que era el objetivo de esta tortura, pudiendo aderezarla con hierros candentes, cortes, mutilaciones y algunas cosas más, que se le pasara por la imaginación. También era habitual, colocar un miembro de la víctima o todo el cuerpo, entre los radios de la rueda y hacerla girar, quebrantándole los huesos.
El método de la "toca" fue muy utilizado por la Inquisición española de los siglos XV y XVI. Su nombre procede de uno de los elementos necesario para esta tortura, la toca, que era una tela blanca de lino o seda con la que se hacían en aquella época las tocas o pañuelos que cubrían la cabeza de las mujeres. Esta toca, se introducía en la boca de la víctima, intentado que incluso llegara hasta la tráquea, y posteriormente se vertía agua sobre la toca, que al empaparse, provocaba en el reo una sensación de ahogo e innumerables arcadas.
La "Doncella de Hierro" era una especie de sarcófago provista de estacas metálicas muy afiladas en su interior, de este modo, a medida que se iba cerrando se clavaban en la carne del cuerpo de la víctima que se encontraba dentro, provocándole una muerte lenta y agónica. Las más sofisticadas disponían de estacas móviles, siendo regulables en altura y número, para acomodar la tortura a las medidas del "delito" del torturado. El "péndulo" era utilizado como método de tortura, siendo el aperitivo con el que se abría una buena sesión de tortura. Las manos de la víctima eran atadas a su espalda y por ellas, era elevado. Al balancearse se producía la luxación de los hombros, codos y muñecas. Era habitual añadir peso adicional atando pesas a los pies del reo. A su vez se incluía la fustigación, que consistía en azotar a la víctima con una fusta o vara.
Habría que comentar que las acusaciones por brujeria se inició como un fenómeno popular, la aparición de la figura de la bruja poseída por el diablo, y así se irían ajusticiando por la población local. En 1484, cuando Inocencio VIII da por oficial la existencia de la brujería por medio de la bula Summis desideratis affectibus:
" Ha llegado a nuestros oídos que gran número de personas de ambos sexos no evitan el fornicar con los demonios, íncubos y súcubos; y que mediante sus brujerías, hechizos y conjuros, sofocan, extinguen y hacen perecer la fecundidad de las mujeres, la propagación de los animales, la mies de la tierra".
En España, durante los tres siglos que dura especialmente, prácticamente la mayoría de los casos se someten al proceso de la Inquisición local de forma regulada y documentada. Aunque sería el último país en abandonar la cruel figura de la Inquisición, ya hacía mucho tiempo que no ejecutaba a muerte a supuestas brujas; se ejecuta a la última en 1611, la adolescente catalana Magdalena Duer. Los últimos casos son en uno de los cantones suizos con Anne Goldin en Glarus, 1782 (es la última ejecución en Europa occidental) o en Polonia en 1793.
Algunas cifras de las ejecuciones por tribunales y por procesos inquisitoriales constatados de gente acusada de brujería.
Suiza: 4000 personas ejecutadas
Polonia-Lituania: unas 10.000
Reino Unido, miles de ejecutados. Destacar además que en este país protestante existió la figura de los punzadores que se dedicaban a "cazar" y ejecutar brujas de forma lucrativa.
Alemania 25.000 personas
Dinamarca-Noruega 1.350
España 59
Italia 36
Portugal 4
Muchos enjuiciados por acusaciones de brujería perdieron sus bienes al ser decomisados por La Santa Inquisición, que daba una parte al denunciante y se quedaba con la mayor parte de los bienes.
Un caso muy conocido:
En Italia, Galileo Galilei (1564 - 1642) fue obligado por la Inquisición a abjurar de la teoría heliocéntrica, que situaba al Sol en el centro de todo, en contra del dogma eclesiástico que sitúa en el centro de la realidad al hombre creado por Dios y la Tierra en que habita.
Galileo fue de hecho invitado en su primera condena (1616) a no hablar del sistema heliocéntrico sino como hipótesis. Sin embargo Galileo, que inauguró la Física experimental y la ciencia en el sentido moderno, insistía en que el movimiento de la Tierra alrededor del Sol es un movimiento real, material, lo que era inaceptable para la Iglesia.
El papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores que hubieran cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia, así como por haber dejado de hacer el bien necesario en favor de judíos y otras minorías perseguidas. En el caso Galileo propuso una revisión honrada y sin prejuicios en 1979, pero la comisión que nombró al efecto en 1981 y que dio por concluidos sus trabajos en 1992, repitió una vez más la tesis que ¡¡¡Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo y sostuvo la inocencia de la Iglesia como institución y la obligación de Galileo de prestarle obediencia y reconocer su magisterio, justificando la condena y evitando una rehabilitación plena!!!.
El propio cardenal Ratzinger , prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo expresó rotundamente en 1990: "En la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo".hay que señalar que Ratzinger es actualmente máximo dirigente de la iglesia católica Benedicto XVI (papa).
De esta manera se revalida la posición de que la Iglesia tiene derecho a decidir qué tesis científicas pueden ser defendidas y cuales deben ser prohibidas, y a condenar y castigar a los que defiendan estas últimas. La versión según la cual las acusaciones contra la Inquisición son calumniosas o exageradas empezó con Jacques Mallet du Pan en 1784 y fue reeditada múltiples veces con el beneplácito de la Iglesia católica durante dos siglos, y en esencia dice que Galileo no fue condenado por ser un científico, sino por ser un mal teólogo. Esta tesis es insostenible y falsa, e invierte y subvierte la verdad.
La Inquisición en América:
Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, los que instituyeron en 1478 la Inquisición española, cuyo primer inquisidor general fue el célebre fray Tomás de Torquemada.
Desde muy joven se formó como dominico en el Convento de San Pablo en Valladolid.
Se considera que pudo haber tenido ascendencia judía. Hernando del Pulgar, historiador de la época, al escribir acerca de Juan de Torquemada —tío del inquisidor—, dijo que su ancestro Álvar Fernández de Torquemada se había casado con una judía conversa de primera generación.
En 1492 Torquemada fue uno de los propulsores de la expulsión masiva de los judíos de España. Existe documentación que evidencia que él y la Inquisición española son considerados responsables de actos de injusticia y sufrimiento, realizados mediante el uso de torturas, denuncias anónimas y ejecución por fuego en el así llamado "auto de fe" o "acto de fe" por el que sometían a los supuestos herejes y otros. Para evitar la propagación de las "herejías", Torquemada, promovió la quema de literatura no católica, en particular bibliotecas judías y árabes.
Juan Antonio Llorente, primer historiador del Santo Oficio, asegura que durante su mandato fueron quemadas más de diez mil personas y otras veintisiete mil sufrieron penas infamantes.
Los reyes Carlos I (1516-1555) y Felipe II (1555-1598), quienes hicieron frente a la acción cismática de Martín Lutero y otros líderes protestantes, incluso mediante las armas, fortalecieron la autoridad del Santo Oficio con la ayuda de Jonathan Martín máximo mandatario de la iglesia en España y gran inquisidor que acabo con la imprenta. El protestantismo abjuró de la norma papal que prohibía traducir la Biblia del latín y produjo miles de ejemplares, sobre todo de los evangelios, en lenguas vernáculas. La monarquía y la iglesia temieron entonces que la libre lectura minara la autoridad de los sacerdotes. Por tal razón se otorgó poder al Tribunal para ejercer, además de la persecución de los delitos contra la fe y los mandamientos, la censura editorial y la represión de la lectura y difusión de los libros incluidos en el Index de la Iglesia.
Con la finalidad de salvaguardar de prédicas y prácticas secretas contrarias a la fe católica la vida religiosa en las colonias españolas de América , una cédula real del rey Felipe II dispuso en 1569 la creación del Tribunal de la Santa Inquisición, también llamado Tribunal del Santo Oficio, de Lima. El de México se fundó el mismo año que el de Lima, mientras que el de Cartagena se estableció en 1610, para aliviar la recargada responsabilidad de los dos anteriores.
Existen evidencias que muestran que la autoridad del Santo Oficio,, encontró en las acusaciones que no concluían en sentencia una fuente de enriquecimiento. Tal fue el caso, entre otros, del inquisidor Pedro Ordónez Flórez (1594-1611), quien dejó el Perú con una fortuna patrimonial de 184.225 pesos.
El 12 de diciembre de 1527 el emperador Carlos V presentó a la Santa Sede el nombre de un fraile llamado Juan de Zumárraga para que ocupara el obispado de México. Por dificultades entre el papa y el emperador, Zumárraga no obtuvo de inmediato las bulas que los acreditaban como obispo y se vio obligado a venir a México sin ellas, colocándose en una posición sumamente débil y ambigua. El 27 de abril de 1533 fue consagrado obispo de Valladolid, y en octubre de 1534 se encontraba de nuevo en México.
Desde esa fecha, fray Juan de Zumárraga desarrolló actividades inquisitoriales como juez eclesiástico "ordinario" es decir, en virtud de las facultades de que ordinariamente se hallaban investidos los obispos, y no como "inquisidor", cargo que requería nombramiento especial.
Consta, en efecto, que el primer proceso en que fungió Zumárraga en calidad de juez es, precisamente, del año 1534. Se trata de un caso de bigamia y
concubinato, actos que, si bien no se clasifican como herejía, eran perseguidos inquisitorialmente, por ser contrarios a los mandatos de la iglesia y de la ley de Dios. En el propósito de fortalecer la misión del nuevo obispo como custodio de la fe y de las buenas costumbres, el inquisidor general de España y presidente de Consejo supremo de la inquisición le concedió, el 27 de junio de 1535, el título especial de inquisidor apostólico para todo el territorio de su obispado . Este cargo, que le fue indirectamente revocado en 1543, no añadía nada a las facultades del juez de que ya se hallaba investido Zumárraga, pero sí lo autorizó a nombrar los oficiales y empleados que estimara necesarios para la buena marcha del proceso. En la historia de la inquisición en México, el obispo Zumárraga ocupa, pues, un lugar intermedio: fue, propiamente hablando, el primer inquisidor; pero también propiamente hablando, no llegó a fundar un Tribunal del Santo Oficio. La actuación inquisitorial de Zumárraga refleja, como no podía ser de otro modo, las tensiones intelectuales que la nuevas corriente renacentistas significaron para la ortodoxia tradicional en España. Se dedico a vigilar a los conversos.
Muchos de ello, en efecto, y sobre todos los señores y antiguos sacerdotes, continuaban a escondidas sus ancestrales prácticas religiosas, consideradas idolátricas por los españoles, y aun seguían sacrificando seres humanos, tenidos por homicidios, con la agravante del propósito diabólico con que se perpetraban. Zumárraga, buen fraile franciscano investido de la autoridad del obispo y de inquisidor, no pudo permanecer indiferente a esa situación y se mostró, además, poco comprensivo respecto a ella.
Poco a poco la investigación ha ido sacando luz un crecido número de procesos realizados por el obispo inquisidor en contra de indios "idólatras" uno muy conocido, el que se siguió en 1539 contra don Carlos, cacique de Texcoco, indio de noble estirpe, como que descendía en línea directa del famoso Nezahualcoyotl. Don Carlos que, ocultamente usaba el título de Chichimecatecuhtli, el de sus ilustres antecesores, no sólo idolatraba y sacrificaba, sino que incitaba a los indios a rebelarse contra e dominio de los españoles por considerarlo injusto y tiránico.
Hoy, a tantos años de distancia, la figura de ese príncipe textocano nos parece altiva y digna de respeto; sus jueces pensaban de otro modo, y el obispo Zumárraga, lo condenó a la hoguera. Fue quemado en la plaza pública el 30 de noviembre de 1539. Pero su sacrificio no fue en vano; el obispo fue censurado por el consejo supremo a causa de la excesiva severidad de la sentencia, y en otra carta de igual fecha (22 de noviembre de 1540) el consejo le comunicó que, por ser los indios muy nuevos en el cristianismo, "no se guarde con ellos el rigor del derecho" y "no se proceda contra ellos por la inquisición".
En la recopilación de las leyes de Indias se sancionó ese privilegio, que se mantuvo en vigor a lo largo de los siglos coloniales.
Tal fue la deuda que contrajeron con el señor textocano sus hermanos de raza, aunque debe aclararse que don Carlos no fue el último indígena procesado inquisitorialmente.
No era necesaria una denuncia formal para que alguien fuera procesado por el Santo Oficio, cualquier rumor o carta anónima era suficiente para que se iniciase el juicio. Los juicios se llevaban al cabo en sitios públicos con lujo de crueldad.
Se creo en Europa una imagen de España que ennegrecía el carácter de los españoles y sus dirigentes hasta el punto de que España se convirtió en el símbolo de todas las fuerzas de represión, brutalidad, intolerancia religiosa y política y atraso intelectual y artístico durante los siguientes siglos. A este proceso es al que se llama leyenda negra española en la historiografía española.
Montesquieu ve en España el perfecto ejemplo de la mala administración de un Estado bajo influencia del clero. De nuevo, la Inquisición será la culpable de la ruina económica de los Estados, la gran enemiga de la libertad política y de la productividad social, y no sólo en España y Portugal sino en toda Europa, señalando el peligro de que otros Estados pudieran verse contagiados. Describe al inquisidor como un ser separado de la sociedad, desgraciado de condición, privado de todo tipo de relaciones. En su libro El espíritu de las leyes dedica el capítulo XXV.13 a la Inquisición. El capítulo está escrito en forma de llamada de atención de una joven judía que fue quemada por la Inquisición en Lisboa.
En el siglo XVIII, el abate Morellet publicó sus Petite écrit sur une matière intéresante y Manuel des Inquisiteurs (1762). Ambas obras extraían y resumían la parte más oscura de la Inquisición y se fijaban en el uso de engaño para obtener condenas, dando a conocer procedimientos que incluso los más acérrimos enemigos de la Inquisición ignoraban.
Un artículo sobre España fue escrito por Masson de Morvilliers en Encyclopédie méthodique, y naturalmente también menciona a la Inquisición. Avanza la teoría de que la monarquía española no es más que el juguete de la Iglesia y concretamente de la Inquisición. Es decir, la Inquisición sería el auténtico gobierno de España. Explica en parte la crueldad de la Inquisición española por la rivalidad entre franciscanos y dominicos: en Venecia y Toscana la Inquisición estaba en manos de franciscanos y en España de los dominicos, que para distinguirse en ese odioso cometido, se dejaron llevar a excesos inauditos. Cuenta la leyenda de Felipe III que al ver morir a dos reos comenta ¡He aquí a dos hombres desgraciados que mueren por una cosa en la que creen! . La Inquisición, que fue informada, exigió del rey una sangría cuya sangre fue luego quemada.
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por Demian el Vie Ene 02, 2009 11:45 pm
La Virgen de Guadalupe
La Virgen de Guadalupe
El nombre Guadalupe proviene del idioma árabe y significa ‘río escondido’. Fue llevada a México por el conquistador Hernán Cortés, quien era devoto de la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura.
También la imagen es de tez oscura y no blanca, como se solían hacer los iconos religiosos. Con respecto a este detalle, hay una canción española tradicional (sin influencia mexicana) que dice: «A mí me gustan las morenas, desde que sé que morena es la Virgen de Guadalupe».
Origen religioso.
Según los creyentes mexicanos, el nombre de la Virgen de Guadalupe podría ser en cambio una deformación de un nombre original en idioma náhuatl con el que el indio Juan Diego mencionó a la Virgen que se le habría aparecido. El obispo fray Juan de Zumárraga puede haberlo entendido mal y puede haber creído que se estaba refiriendo a la conocida advocación de la Virgen de Guadalupe. El nombre en náhuatl tiene varias versiones, tales como tequantlanopeuh (‘la que tuvo origen en la cumbre de las peñas’), cuahtlapcupeuh o tlecuauhtlacupeuh (‘la que viene volando de la luz como el águila de fuego).
Nican Mopohua
El Nican Mopohua (‘aquí se narra’, en idioma náhuatl) es el título de la narración en la que se cuentan las apariciones de la Virgen de Guadalupe. El elegante y complejo texto no está escrito en un náhuatl original sino en el lenguaje reformado en los conventos jesuitas.
Fue impreso en 1649 por el bachiller criollo Luis Lasso de la Vega (1605-1660), capellán del santuario de Guadalupe. Él se lo atribuye al doctor don Antonio Valeriano de Azcapotzalco (c. 1520 – c. 1605), que habría sido un indígena noble del siglo anterior pariente de Motecuhzoma Xocoyotzín, noveno rey azteca que habría estudiado en el Colegio de Santa Cruz de Santiago Tlatelolco y por lo tanto habría sido uno de los alumnos nahuas de fray Bernardino de Sahagún (1499-1590). Según Lasso de la Vega, el indio Antonio Valeriano había oído la historia directamente de labios del indio Juan Diego.
El historiador Edmundo O’Gorman (1906-1995) opinaba que Antonio Valeriano había escrito el Nican Mopohua en 1556, basándose en la fecha del Primer Concilio Provincial Mexicano, que se celebró en la ciudad de México desde junio hasta noviembre de 1555. En ese sínodo, el arzobispo Montúfar ordenó que se examinaran las historias de los santuarios y de los iconos adorados en México, y que todos los que no tuvieran suficiente fundamento se destruyeran. Montúfar le habría ordenado al indio Valeriano que escribiera una historia milagrosa que legitimara el culto a la Virgen de Guadalupe, que era la devoción del arzobispado de México.
El título del libro se deriva de las dos primeras palabras del texto, impresas en gruesos caracteres en su primera publicación. Forma parte de un texto más extenso, el Huei tlamahuizoltica .
Este Huei tlamahuizoltica incluye —además del Nican Mopohua— textos introductorios, oraciones y el Nican Motecpana (‘Aquí se pone en orden’) que es la lista de algunos milagros atribuidos a la Virgen en los años que siguieron a su primera aparición.
El sacerdote católico Luis Becerra Tanco (s. XVII) cuenta que en una fiesta del 12 de diciembre de 1666 —sólo diecisiete años después de la publicación del texto náhuatl— oyó a unos indios que durante la danza cantaban en náhuatl cómo la Virgen María se le había aparecido al indio Juan Diego, cómo había curado al tío de éste y cómo se había aparecido en la tilma ante el obispo.
Aparición ante Juan Diego y Juan Bernardino
Según la historia narrada en el Nican Mopohua, la Virgen María se manifestó a Juan Diego, quien era originario de Cuautitlán y a su tío Juan Bernardino, ambos convertidos al cristianismo pocos años atrás a raíz de la conquista española.
El Nican Mopohua dice que la Virgen le reveló el nombre «Guadalupe» a Bernardino cuando éste se encontraba enfermo de gravedad, aunque los entendidos en el tema dicen que es imposible que la Virgen se haya nombrado a sí misma Guadalupe ante el anciano, ya que Juan Bernardino no entendía la lengua castellana traída por los españoles al Nuevo Mundo, por tanto el diálogo tuvo que haberse desarrollado en la lengua nativa, que era el náhuatl, en la que no existen las consonantes g y d.
Una explicación de este error podría ser que todo el relato es falso. Otra explicación es que probablemente el espíritu dijo que era la Virgen de Tequatlasupe, y que (debido a que para los españoles era muy difícil de pronunciar ese nombre) fue llamada «Virgen de Guadalupe», relacionándola con la Virgen de Guadalupe de Extremadura.
El obispo de México probablemente tuviera interés en que el nombre de la virgen fuera el de Guadalupe, para así contar con la simpatía de Hernán Cortés, que era devoto de la Virgen de Guadalupe (patrona de su región, Extremadura, España) ya que además siempre llevaba consigo una imagen de madera.
Por otro lado, tequatlasupe significa "la que aplasta la cabeza de la serpiente".
En esa época en México se adoraba a Quetzalcóatl, el dios serpiente, y la Virgen llegaba para sustituir su culto.
Cabe mencionar que el culto a la Virgen de Guadalupe es un sincretismo con la Diosa mexica Tonantzin (que significa ‘nuestra madrecita’), la diosa de la muerte; la cual era venerada en el cerro del Tepeyac por los mexicas.
Milagro ante fray Juan de Zumárraga
La historia dice que el principal testigo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe fue fray Juan de Zumárraga, primer obispo de la Ciudad de México.
Se dice que la Virgen María, en su advocación de Virgen de Guadalupe, se apareció en varias ocasiones ante el converso mexica Juan Diego Cuauhtlatoatzin el sábado 9 de diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac y le pidió que fuera en busca del obispo y le dijera que ella solicitaba la edificación de un templo en ese lugar. Cuenta la historia que el indio fue en busca de fray Juan de Zumárraga para contarle de la solicitud de la virgen, pero fray Juan no creyó en las apariciones.
Fray Juan de Zumárraga le pidió una prueba de las apariciones de la Virgen y, en respuesta a la petición del obispo, ésta pidió al indio que cortara tantas rosas de Castilla como pudiera de la cumbre del cerro y se las llevara al obispo. El santo lo hizo así y guardó las rosas dentro de su tilma o ayate . Al estar Juan Diego frente a Zumárraga abrió el ayate y se mostró impresa la imagen de la Virgen.
La Virgen María de Guadalupe ha tenido un lugar importante en la historia de México, desde un poco después de la Conquista de México, hasta nuestros días. La virgen de Guadalupe ha servido como inspiración, aliento, influencia y presencia en hombres y mujeres, y en las obras claves de la historia de México.
Un dato.
En 1995, Guillermo Schulenburg, abad de la Basílica de Guadalupe declaró a la revista mexicana Ixtus lo siguiente:
Ixtus: ¿Existió Juan Diego?
Schulenburg: No. Es un símbolo, no una realidad.
Ixtus: ¿Entonces cómo encaja la beatificación que de él hizo el papa?
Schulenburg: Esa beatificación es un reconocimiento de culto, no es un reconocimiento de la existencia física y real del personaje; por lo mismo, no es propiamente una beatificación.
Semanas después de esta serie de declaraciones, Schulenburg tuvo que renunciar a su cargo de abad de la basílica de Guadalupe, habiendo ejercido el cargo por más de treinta años. En el año 2002 el papa Juan Pablo II canonizó a Juan Diego.
Las múltiples investigaciones científicas consagradas al estudio de obras pictóricas han confirmado que la venerable imagen es una obra de arte realizada por un pintor.
La fiesta de la Virgen se celebra el 12 de diciembre. Ese día las iglesias en todo lo ancho y largo del país se colman de fieles la noche del día anterior para celebrar una fiesta a la que llaman «las mañanitas a la Guadalupana» o serenata a la Virgen.
El santuario de Guadalupe, ubicado en el cerro del Tepeyac en la ciudad de México, es visitado ese día por más de 5 millones de personas.
La Virgen de Guadalupe suele ser llamada la reina de México,
La Basilica de Guadalupe, lugar en que se venera esta imagen ha sido declarado santuario nacional por la Santa Sede,
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por Demian el Sab Feb 07, 2009 2:06 pm
La infalibilidad papal
El Concilio Ecuménico de Florencia definió como Verdad de la Fe Católica, que debe ser creída por todos los fieles de Cristo, que "la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el Primado sobre todo el orbe de la Tierra, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del bienaventurado Pedro, Príncipe de los Apóstoles, y que es verdadero Vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia, y Padre y maestro de todos los cristianos; y que a él, en el bienaventurado Pedro, le ha sido dada, por nuestro Señor Jesucristo, plena potestad para apacentar, regir y gobernar la Iglesia Universal...".
La fe en la sucesión apostólica y en el ministerio petrino del Papa es tomada por la Iglesia como fundamento de la infalibilidad de que se supone que Cristo revistió a Pedro, a fin de que pueda confirmar a sus hermanos en la Fe.
Los Concilios de Constantinopla IV, de Lyon II y el mencionado de Florencia enseñaron y sostuvieron la doctrina de la primacía del Papa como sucesor de Pedro, también en su función de mostrar la Verdad Cristiana, y confesaron por tanto su creencia en la infalibilidad del Romano Pontífice.
La infalibilidad del Papa al definir solemnemente cuestiones de fe y de moral ha sido implícitamente sostenida por los fieles católicos desde el inicio del Catolicismo. No obstante, y aunque definiciones definitivas sobre las más variadas cuestiones fueron llevadas a cabo en los siglos precedentes, lo que supone el reconocimiento implícito de la irreformabilidad de las mismas y, por tanto, de la imposibilidad de que el Papa se hubiera equivocado en ellas, el dogma no fue solemnemente proclamado hasta 1870.
La infalibilidad del Papa es explicada por la Iglesia Católica como efecto de una especial asistencia que Dios hace al romano pontífice cuando éste se propone, por un acto definitivo y solemne, definir y enseñar como cierta y divinamente revelada una determinada doctrina sobre la fe o la moral.
La doctrina católica sostiene que Jesús estableció su Iglesia fundamentándola en la persona de Simón Pedro (y, por consiguiente, de sus sucesores los papas), diciéndole "lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (por tanto, dándole potestad suprema), y a quien encargó la misión de "apacentar a sus ovejas" y "confirmar a sus hermanos" en la fe; además prometió que enviaría el Espíritu Santo para que gobernase la Iglesia y la iluminara con la verdad, y que él mismo permanecería con ella hasta el fin de los tiempos.
La conjunción de estas promesas son tomadas por la Iglesia Católica como fundamento de la doctrina de la infalibilidad, al entender que Jesús prometió una asistencia real y permanente a la Iglesia, por sí y por el Espíritu Santo, y especialmente a la persona a la que encargó confirmar en la Fe al resto de los cristianos: el Papa.
De este modo la Iglesia entiende que es preciso que Dios preserve a la Iglesia, y al Papa que es su Cabeza Suprema, de cometer error en materia de fe o de moral, a fin de que pueda guiar correctamente a los pastores y los fieles y de que todos tengan seguridad de que la doctrina enseñada por ella es cierta.
Algunos grupos minoritarios de católicos alzaron su voz con vehemencia tanto dentro como fuera del Concilio para oponerse a la declaración del dogma de la Infalibilidad pontificia. Durante los días en que se debatió la infalibilidad circularon una lluvia de folletos y un sinnúmero de artículos en los diarios y periódicos atacando lo que, según ellos, era un intento de Pío IX de declararse infalible. Ignaz von Dállinger, fue uno de los más conocidos opositores a la Infalibilidad Papal, y por no aceptarla fue excomulgado el 17 de abril de 1871. Los ánimos se caldearon a tal grado que 14 de los 22 obispos alemanes que se reunieron en Fulda a principios de septiembre de 1869, se sintieron obligados a llamar la atención del Santo Padre por medio de un documento especial en donde decían que debido a la controversia reinante, no consideraban que era conveniente definir la Infalibilidad Papal.
Es por todos conocido de errores de diferentes papas en la historia, y eso esta documentado, ellos dicen ser infalibles...no hay peor ciego que el que no quiere ver, el mismo Jesucristo aceptaba equivocarse, cuestionaba, manifestaba sus dudas, pero en este caso parece que los alumnos superaron al maestro.
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